Evidencia científica y beneficios del ejercicio regular en edades tempranas

Mensaje clave para las familias

Quitar el deporte cuando un niño “va flojo en el cole” suele ser un error. La ciencia demuestra que la actividad física regular no quita tiempo al estudio: mejora el cerebro, la atención, la memoria, el autocontrol, el estado de ánimo y el sueño, factores decisivos para aprender mejor.

1. ¿Qué dice la ciencia?

Numerosos estudios y metaanálisis confirman que los niños y adolescentes que practican actividad física de forma regular obtienen mejores resultados académicos, especialmente en matemáticas y rendimiento general, y presentan mejores funciones cognitivas (atención, memoria de trabajo y control ejecutivo).

  • Donnelly et al. (2016) muestran que la actividad física se asocia con mejoras en función cognitiva y rendimiento académico.
  • Álvarez‑Bueno et al. (2017) evidencian, mediante metaanálisis, que el ejercicio se relaciona con mejor rendimiento escolar, con especial impacto en matemáticas.

2. ¿Por qué el deporte ayuda a estudiar mejor?

2.1. Mejora de las funciones ejecutivas (el “motor del aprendizaje”)

El ejercicio potencia la atención sostenida, la memoria de trabajo y el autocontrol, claves para seguir una clase, comprender un problema y regular la conducta.

  • Hillman, Erickson y Kramer (2008) demuestran que el ejercicio mejora la plasticidad cerebral y la eficiencia cognitiva.
  • Diamond y Ling (2016) concluyen que la actividad física es una de las intervenciones más eficaces para mejorar funciones ejecutivas en la infancia.

2.2. Regulación emocional: menos estrés, más motivación

La práctica deportiva reduce estrés y ansiedad, mejora el estado de ánimo y aumenta la motivación, condiciones indispensables para aprender.

  • Biddle y Asare (2011) confirman que el ejercicio mejora la salud mental en niños y adolescentes.

2.3. Sueño de calidad: aprender y memorizar mejor

Dormir bien consolida la memoria. El ejercicio regular mejora la calidad del sueño, facilitando el aprendizaje.

  • Lang et al. (2013) muestran una relación positiva entre actividad física y sueño en población infantil y adolescente.

3. Importancia del deporte desde edades tempranas

Iniciar la actividad física en la infancia temprana (3–6 años) tiene efectos acumulativos a largo plazo:

  • Desarrollo neurológico: favorece la maduración de redes cerebrales implicadas en atención y autorregulación.
  • Hábitos saludables: crea rutinas que se mantienen en la adolescencia.
  • Prevención de dificultades escolares: mejora la base cognitiva sobre la que se asienta el aprendizaje.
  • Competencias personales y sociales: trabajo en equipo, perseverancia, autoestima y gestión del error.

El ejercicio no solo impacta en el rendimiento académico, sino en la formación integral del niño (cognitiva, emocional, social y física).


4. ¿Y si mi hijo va mal en el cole?

En la mayoría de los casos, el problema no es falta de tiempo, sino falta de eficacia cognitiva.

❌ Quitar el deporte → suele empeorar la atención, el ánimo y el descanso.
✅ Mantener el deporte + mejorar la organización del estudio → mejora el rendimiento global.


5. Recomendación general

La Organización Mundial de la Salud recomienda:

Al menos 60 minutos diarios de actividad física moderada o vigorosa en niños y adolescentes.

(World Health Organization, 2020)


6. Mensaje final para las familias

El deporte no compite con el estudio. Lo potencia.
Da al cerebro las herramientas que necesita para aprender mejor, crecer sano y desarrollar todo su potencial.


Referencias (APA 7)

  • Álvarez‑Bueno, C., Pesce, C., Cavero‑Redondo, I., Sánchez‑López, M., Garrido‑Miguel, M., & Martínez‑Vizcaíno, V. (2017). Academic achievement and physical activity: A meta‑analysis. Pediatrics, 140(6), e20171498. https://doi.org/10.1542/peds.2017‑1498
  • Biddle, S. J. H., & Asare, M. (2011). Physical activity and mental health in children and adolescents: A review of reviews. British Journal of Sports Medicine, 45, 886–895. https://doi.org/10.1136/bjsports‑2011‑090185
  • Diamond, A., & Ling, D. S. (2016). Conclusions about interventions, programs, and approaches for improving executive functions that appear justified and those that, despite much hype, do not. Developmental Cognitive Neuroscience, 18, 34–48. https://doi.org/10.1016/j.dcn.2015.11.005
  • Donnelly, J. E., et al. (2016). Physical activity, fitness, cognitive function, and academic achievement in children: A systematic review. Medicine & Science in Sports & Exercise, 48(6), 1197–1222. https://doi.org/10.1249/MSS.0000000000000901
  • Hillman, C. H., Erickson, K. I., & Kramer, A. F. (2008). Be smart, exercise your heart: Exercise effects on brain and cognition. Nature Reviews Neuroscience, 9, 58–65. https://doi.org/10.1038/nrn2298
  • Lang, C., et al. (2013). The relationship between physical activity and sleep in children and adolescents: A systematic review. Journal of Science and Medicine in Sport, 16, 361–367. https://doi.org/10.1016/j.jsams.2012.11.890
  • World Health Organization. (2020). WHO guidelines on physical activity and sedentary behaviour. WHO.
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