Mamá,

Hoy es tu día…
pero en realidad, todos los días son un poco tuyos.

Quería decirte algo que a veces no sé cómo explicarte cuando te veo…
cuando llego del entrenamiento…
cuando me preguntas “¿qué tal?” y yo solo digo “bien”.

Pero no es solo “bien”.

Son muchas cosas.

Son nervios antes de empezar.
Son ganas de hacerlo bien.
Son momentos en los que me equivoco…
y otros en los que siento que puedo con todo.

Y en todos esos momentos…
te busco.

Aunque no te lo diga.

Miro a la grada.
Y cuando estás…
todo es diferente.

Juego más tranquilo.
Más feliz.
Más yo.

¿Te acuerdas cuando te quedabas siempre?
Cuando no te ibas.
Cuando celebrabas cada cosa como si fuera la más importante del mundo.

Para mí lo era.
Porque estabas tú.

Ahora a veces me dejas…
y sé que es porque piensas que ya soy mayor.

Pero, mamá…
yo sigo siendo el mismo niño.

El que necesita que le miren.
El que quiere compartir contigo lo que vive.
El que se siente más fuerte cuando sabe que estás ahí.


Mamá,

no dejes que el tiempo decida por ti.

Hoy puedes elegir.


Porque estos momentos pasan.
Muy rápido.

Más de lo que parece.

Y llegará un día en el que ya no habrá entrenamientos,
ni partidos,
ni tardes en el campo.

Y entonces…
no podremos volver atrás.

Yo no necesito que hagas nada especial.
No necesito que me lleves de la mano.

Solo necesito…
que te quedes.

Que estés.
Que me mires.
Que vivas esto conmigo.

Porque cuando levanto la cabeza y te veo…
todo tiene más sentido.

Y aunque no siempre te lo diga…
eres lo más importante para mí.

Feliz Día de la Madre ❤️

Ir al contenido